Adelante, sean bienvenidos

Bienvenidos a mi mundo, al refugio de mis ideas, al lugar donde puedo sin ningún temor expresar lo que siento y lo que me pasa "en tiempo real". Realmente es toda una experiencia y quiero compartirla con quien quiera leer.

jueves, 18 de febrero de 2010

Salir adelante, mirar hacia arriba.



¿Cómo hacer, cómo salir del círculo, cómo detener la caída en este embudo sin aparente final en el que se ha convertido la vida?, ¿Cómo dejar de ver sin mirar?, ¿Cómo hacer para tender la mano en épocas en las que la mezquindad no has ganado a todos?, ¿Cómo evitar el nudo en el estómago cuando un chico duerme en la calle, anestesiado por el pegamento y no con el futuro sino con el presente completamente destrozado?, ¿Cómo explicarle a un par de padres que su hijo asesinado fue víctima, en realidad, de la falta de educacióny la exclusión, quien le arranca ese dolor?, ¿Cómo hacer si en parte esto puede ser cierto pero no es del todo así, cuando muchos eligen el camino más corto hacia el dinero y al que se interponga le meten un balazo, gente que en muchos casos no carece de educación?.
¿Quien le explica a un maestro que no tiene que enseñarle a los chicos sino que tiene que darles de comer y en segunda instancia hacerle de sicólogo?, y si se quejan por tener que hacer tres trabajos y cobrar por menos de uno son tildados de vagos y de tener tres meses de vacaciones ¡¿?!. ¿Cómo le explicamos a estos mismos padres que mencioné antes que los asesinos de sus hijos cuando con suerte, y en algunos casos, son detenidos, desde adentro de la cárcel hacen secuestros express y cuando salen vuelven con más saña y más odio a cometer los mismos delitos, pero que gozan de la protección de los "Derechos Humanos" si los reprimen en un motín o cuando algunas organizaciones reclaman por el hacinamiento...?
La verdad que tengo muchísimas dudas para las cuales no tengo respuesta, siento que las cosas están de verdad muy dadas vuelta, y que hoy hay un estado de "Vale Todo".
Tengo una lista muchísimo más larga pero no quiero aburrir, quisiera sacar un poco afuera todo esto, y tratar de entender por qué nos pasa, y porque después de quejarnos y quejarnos de todas estas situaciones y de responsabilizar al gobierno (obvio que la culpa siempre es de otro, aunque en este caso sea el principal responsable, pero vale pensar que no siempre la culpa la tiene otro) cuando tenemos la oportunidad de meter el voto repetimos el mismo error y tropezamos con la misma gente.
Datos Extras (No nos olvidemos que Carlos Menem ganó TRES!!! elecciones y los Kirchner dos)
No nos alcanzaba con dos gobiernos del Riojano que luego de una notoria ausencia le volvimos a dar el voto, ah y los métodos de Néstor los descubrimos ahora, que es presidenta la mujer)
Tristeza, siento tristeza por mi, por mi hija, por todos los argentinos que no nos merecemos esto y sin embargo lo padecemos, por el país (o lo que queda de él) que les dejamos a nuestros hijos y nietos, por el día a día.

sábado, 13 de febrero de 2010

Silencios que se callan

Cuanto pesan nuestras palabras?
cuanto (daño) podemos hacer cuando hablamos?
pero cuanto más pesa el silencio
y aquellas cosas que nos callamos.

El silencio nos envuelve con su sonido,
nos provoca una extraña sensación de bienestar y paz
y nos devuelve la calma tantas veces añorada,
el silencio es nuestro amo, pero no somos esclavos.

Poder hablar y poder decir nos alimenta el alma
nos da el poder de torcer rumbos
de explicar sensaciones y momentos
de abrir el alma y mostrarnos, simples.

Pero el silencio es poderoso y nos envuelve
nos seduce bajo su velo de tenue luz
que se derrama bajo nuestros ojos
como un atardecer amarronado de otoño.

Y en este silencio vivimos,
en el silencio que nosotros mismos provocamos
y del que no somos capaces de librarnos
ni romper sus cadenas y vencer sus muros.

El silencio que hoy me pesa
por no tener a quien decirle, que esta ausencia oprimente
es infinitamente más difícil
sin tus ojos en los que reflejarme.

Tan lejos, tan cerca.



Tan cerca estás que ni siquiera
puedo rozarte
tanlejos como un abismo,
grande como toda mi vida.

Tan cerca estás que,
no puedo alcanzar tus manos
que yacen tendidas junto a las mias,
inaccesibles, lejanas y dormidas.

Lejana como la ilusión de este cielo
como tus ojos que me devoran,
celestes como el mar que ahora me ahoga,
me traga, me deshace.

Y este muro que construímos nos aleja
y la vida que creamos nos une,
nos distancia, nos duele
como mil espinas en la palma cerrada
como un fulimante destellos que nos cega

Y tu sonrisa que me habla en pasado,
y el tiempo que no se detiene
y golpea las palabras dichas,
y la esperanza que se desgrana
en cada segundo de ausencia.

En la magia que crearon tus ojos
sueño,
en ese brillo que viste en los mios lloro,
en cada hueco en que aparece tu nombre
tiemblo con amargura, y te deseo más aún.

El ciclo natural sigue su curso
pero empecinado en inundarme en tus aguas
creo cada minuto en que vendrás,
en que algo volverá a ser, creo en creer.

Tu lejanía duele con ardor infinito
tu cercanía imposible te hace diosa y misterio,
y un velo ausente te borra, te ilumina
para que yo no pueda verte.

viernes, 12 de febrero de 2010

La felicidad que nunca llegó

Marzo de 1990, Santiago empezaba la escuela secundaria con todo lo que eso significaba. Nuevos amigos (y el temor que le provocaba la idea) nuevo barrio por explorar (y la sensación de que ningún lugar era mejor que su barrio con sus amigos) todas las responsabilidades académicas que venían de la mano en esta nueva etapa.
Siempre le gustó ser el centro de atención de cualquier evento, aunque esto muchas veces lo lograra a fuerza de comentarios (muy)fuera de lugar, ofender a otras personas hasta burlarse de los más débiles, ah que sensación de extraordinario poder le provocaba esto.
Pero la escuela secundaría le tenía preparada una sorpresa a su vida, iba a ser la puerta que lo transportara a la vida, a la realidad, al mundo verdaderamente tal y como era. Lejos habían quedado su barrio, sus amigos y su niñez, no por distancia geográfica, sino emocional.
Por esos años estaba muy de moda escuchar un estilo musical que se llamaba "Techno", pero por supuesto Santiago no era adepto a música que siguieran las masas, si les gustaba a todos no debería ser algo realmente bueno, además eso era "cosa de putos" como muchas veces se lo escuchaba sentenciar. Lo cierto es que esa música causaba bastante sesanción entre sus pares, podían incluírlo de un modo, era una buena forma de socializar ante el nuevo grupo, teniendo algo en común. Santiago escuchaba Heavy Metal. No era que le disgustaba, pero no se permitía que le gustaran las dos cosas.
Los años fueron pasando y la escuela secundaria se fue convirtiendo en un buen lugar para él, no es que no hubiera hecho amigos, quizás no hizo los que le gustaba, quizás para sentirse "dentro" se ubicó en un grupo con el que no tenía mucha afinidad, pero decidió emparejar para abajo.
No socializar con la gente que le parecía superior tanto en el estudio como en la forma de ser, gente con la que se sentía más a gusto, quizás porque hacían "cosas de putos" como ir a bailar, obvio que Santiago no se permitía hacer esto, otra vez, no porque no le gustara si no porque le daba pánico.
De verdad que era un tipo querible, la gente se le acercaba pero el una y otra vez se recluía en su interior, en sus pensamientos, sus ideas (las únicas correctas y valederas para cualquier caso).
Y los cinco años se le pasaron demasiado pronto. En verdad la había pasado bien después de todo pero como siempre le hubiera gustado hacer otras cosas, y el tiempo se le había ido y se arrepentía de esto.
El mundo se le iba abriendo con nuevas perspectivas como el trabajo, la responsabilidad ante un jefe que seguramente sería más impiadoso que sus profesoras del secundario quienes de verdad lo querían pese a todo. Pero él seguía firme con sus convicciones. Cada tanto cedía ante algún impulso y hacía "cosa de putos" como el sólia llamarlas, como ir a bailar y descubría que no era tan malo, ni propiedad exclusiva de homosexuales obviamente.
Pero así pensaba y la gente con la que se relacionaba ya se había acostumbrado a su forma de ser y pensar y lo aceptaban como era. En un punto era bueno, pero no tanto. En más de una oportunidad sintió demasiadas ganas de hacer cosas pero se reprimía por el calificativo que le ponía a las cosas que no eran de su entorno, que era ser heavy, rebelde, estar en contra de todo, llevar el estandarte de discutir absolutamente todo aún sin tener conocimiento de lo que se hablaba, su derporte era oponerse por oposición misma, y así le iba.
A veces creía que hasta era seductor para las mujeres nadar contra la corriente, decir "yo ahí no voy" cuando todos decidían una salida, pero al ver que todos salían y él se quedaba sólo con su convicción empezó a sufrir.
Por algún motivo no se permitía ser feliz y hacer las cosas que hace "manada" como despectivamente llamaba a la gente que seguía en masa algún movimiento. Tarde o temprano terminaba cediendo y dándose cuenta que no era malo otra vez y que de hecho lo disfrutaba, volvía a lamentarse por haber perdido tanto tiempo.
Santiago tenía una fuerza interior muy grande pero aplicada a su autoinfelicidad, él era el autor material de su propia desdicha, y sufrimiento.
Si tan sólo se hubiera abierto a la vida con aterioridad....
Pero eso ya era historia.
La vida pasó como se suele decir habitualmente, en un abrir y cerrar de ojos, los noventa ya no existían, el 2000 era parte de un recuerdo que navegaba entre la paranoia del efecto Y2K y la nada misma y así las décadas siguintes.
Tal y como lo pensó se encontró solo una mañana de domingo a los 65 años, leyendo el diario en el living de su departamento esperando que alguno de sus hijos lo llamara para invitarlo a pasar el día, tal vez pudiera acercarse a sus nietos de otra forma, conectar, y enseñarles a abrirse, y a no ser como él. Solitario e infeliz.

jueves, 11 de febrero de 2010

No existe el olvido

Escuchaba hace unos días una canción que en su estribillo dice "Acá estoy mi amor, no existe el olvido, acá estoy mi amor he vencido..." y me dije a mi mismo, esto encierra alguna que otra verdad.
En primer lugar me pregunté que había vencido? al tiempo, a la distancia, claro, al olvido.
Y es algo que me hizo pensar, en definitiva el olvido no existe, nunca podremos desprendernos completamente de esas cosas que quisiéramos olvidar.
Muchas situaciones pueden quedar aparentemente sepultadas por las amarillentas y crujietes hojas de cada otoño que pasa, podemos intentar burlar al tiempo haciéndole creer que si él transcurre los hechos se habrán ido con "el tiempo" justamente.
Pero basta apenas una brisa para que esas hojas se vuelen y volvamos a quedar frente a frente con el aparente olvido.
Si no podemos entonces hacer algo tan poderoso para borrar algunas de esas huellas que un día nos fueron marcadas podemos aceptarlas, podemos convivir con ellas y saludarlas todas las mañanas hasta hacernos compañeros de vida, hasta que nos sean tan familiares como el paisaje que a diario recorremos, tan naturales como respirar.
Y ante esto, lejos de debilitarnos por habernos rendido deberíamos sentirnos fuertes y plenos por haber aceptado nuestros errores, por permitir equivocarnos para poder ver esos errores y luego intentar no volver a cometerlos.
No existe el olvido. De nadie nos podremos olvidar, existe el dejar de sentir pero nunca el olvido. Podríamos permitirnos que no nos afecte pero jamás, jamás vamos a olvidarnos. "No existe el olvido mi amor".

miércoles, 10 de febrero de 2010

Recuperar el tiempo es imposible, cambiar ¿también?

Tantas noches al cerrar mis ojos e intentar dormir me queda la sensación de que otro día se ha perdido, una visión pesimista sin dudas, pero los hechos no demuestran que haya sido uno transcurrido sino uno que se ha escurrido.
Tantas noches cuando mis ideas lejos de aplacarse más se arremolinan intento verme en aquel día fatal, aquel en el que dejé de observarte y prestarte atención para posar mis ojos en otro lado, en mi ombligo y fue mi propio egoísmo lo que creo que me alejó de vos. En esos momentos dónde pienso que tengo que hacer algo para poder recuperar el tiempo perdido también me asalta la duda de saber si será posible cambiar.
"El que traiciona una vez, traiciona siempre", triste, duro, pero a la luz de los hechos no encuentro razones válidas para refutar este pensamiento. Ya te traicioné, ya te perdí, ya me arrepiento de haberte hecho mal, y que mis actos se volvieran tan violentamente contra mi, tuve que padecerlo en carne propia para darme cuenta de lo mal que te hice.
Han pasado algunos meses y la soledad golpea tan suavemente día tras día que me da la sensación de desangrarme gota a gota, y que al final del camino inexorablemente el tiempo se habrá agotado, y yo sin poder hacer nada para detenerlo, ni al tiempo ni mi hemorragía.
Sólo espero poder verte otra vez, verte a los ojos y poder decirte que si una vez te elegí, lo haría nuevamente, que me equivoqué y que no quiero que me perdones, no lo hago para volver a estar a tu lado, sólo quiero perdonarme por haberme inflingido a mi mismo tanto dolor al recibir tu represalia, sólo deseo tener la sabiduría para ser mejor, para cambiar.

martes, 9 de febrero de 2010

Algunas cosas que pasan (Y duelen)

Quizás mi suerte haya gambeteado al destino

Y mientras dejo vagabundear mi mirada

En el infinito de otra calle perdida,

Dejo escapar entre las ruinas del día

El rumor de otro corazón perdido



Mientras los recuerdos dan vueltas

Dentro de un café cortado con melancolía

Los acordés del adiós

Retumban en los rincones más inaccesibles de la razón,

Y ya no abrigan los bolsillos vacíos del alma.



Algunas cosas que pasan

Cuando de pronto la vida nos suelta la mano

Y la ciudad se convierte en interminable desierto

Lleno de ausencias, lleno de vacíos,

Ciudad que se oculta tras los ojos de un extraño.



Y mientras estas cosas pasan,

Siento que le escribo una poesía a no se quien,

Siento como si la burla hubiera pactad con mi vida

Y el precio a pagar sea el desconsuelo, la desazón,

Tal vez un poco de miseria haya inundado hoy mi corazón.



Pero estas cosas pasan…escucho por ahí

Mientras en el barrio bajo, alguien le arranca una queja

A un bandoneón oxidado por viejas lágrimas

Ocultas tras una coraza de guapo de arrabal,

Y mientras el lamento varón del guapo me estremece

Veo que son mis propios ojos los que derraman esta angustia feroz.



Entre más vagabundea mi mirada en la ya desierta ciudad,

Mientras más vueltas dan aquellos lejanos recuerdos

De ya no se que, en mi cansado pocillo de café,

Mientras pienso que mis suertes están echadas, y el destino

Se riera de ello, más siento el vació en el pecho

Y más ganas me dan de nombrarte,

Aunque no sepa tu nombre, aunque nunca hayan tropezado

Nuestras miserias.